Una exposición para recorrer con la mirada, el olfato, la escucha y la memoria.
Bienvenida
Este recorrido no propone respuestas ni un itinerario único.
Se ofrece como un territorio de tránsito, atención y escucha.
Si alguna imagen, aroma, sonido o silencio permanece contigo al abandonar la sala, quizás algo de lo invisible haya encontrado un lugar donde seguir habitando.
Te invito a recorrer esta exposición a tu propio ritmo permitiendo que cada obra, cada susurro y cada umbral se revele de la manera que necesites
La exposición
Susurros de lo invisible reúne un conjunto de obras nacidas de una experiencia íntima de transformación, memoria, naturaleza y permanencia.
A través de un recorrido visual, olfativo y sonoro, la exposición propone un espacio de contemplación en el que animales, paisajes y formas emergentes aparecen como metáforas de aquello que nos atraviesa, nos sostiene y permanece más alá de lo visible.
Lejos de ofrecer un discurso cerrado, la muestra invita a cada visitante a establecer sus propias conexiones y resonancias, permitiendo que la experiencia se despliegue desde la atención, la escucha y el recuerdo.
La artista
Nacida en Burdeos en 1969, mi trayectoria vital ha transitado entre Francia, León y desde 2002, San Lorenzo de El Escorial, donde actualmente vivo y trabajo.
Graduada en Bellas Artes por la Universidad Rey Juan Carlos en 2022, desarrollo una práctica artística en la que abstracción, memoria, cuerpo y naturaleza dialogan desde una mirada profundamente vinculada a la experiencia vivida.
Pinto desde un territorio donde lo visible y lo invisible se entrelazan, permitiendo que animales, paisajes y formas emergentes aparezcan como metáforas de aquello que nos habita, nos transforma y permanece.
Susurros de lo invisible reúne una selección de obras realizadas en los último años, concebidas como un recorrido por distintos estados de presencia, búsqueda, pérdida, revelación y permanencia.

El recorrido
La exposición se despliega como un recorrido abierto a través de distintos territorios de experiencia.
Las primeras obras se sitúan en un ámbito de susurro, materia y aparición. Poco a poco emergen presencias animales, paisajes de transformación y memorias persistentes, hasta llegar a un territorio de permanencia donde vínculo, revelación y arraigo encuentran un lugar de convivencia.
Aromas, paisaje sonoro y objetos discretamente integrados en la arquitectura de la sala acompañan este recorrido, invitando a cada visitante a habitarlo desde su propio ritmo y sensibilidad.
No existe una única manera de recorrer Susurros de lo invisible. Cada mirada, cada recuerdo y cada resonancia construye un itinerario distinto.
Plano del recorrido próximamente disponible.
Las obras
La obras reunidas en Susurros de lo invisible pueden recorrerse libremente, permitiendo que cada visitante establezca sus propias relaciones entre imagen, memoria, presencia y transformación.
Cada pintura constituye una pequeña estación de tránsito, abierta a distintas lecturas y resonancias.

SUSURRO VEGETAL
Acrílico sobre lienzo
50 x 50 cm
La obra nace de la observación y la experimentación. Como un susurro, las formas emergen con sencillez, invitando a detenerse y escuchar o que comienza a revelarse.
Toda obra comienza siendo una intuición. La obra nace desde la observación sencilla y el deseo de explorar sin expectativas. Las formas vegetales emergen como un lenguaje todavía en construcción, un territorio donde la mirada experimenta, prueba y descubre nuevas posibilidades de relación entre materia, color y presencia. Lejos de cualquier afirmación rotunda, la pintura propone una aproximación humilde a lo vivo. Un susurro antes que una afirmación. Una invitación a detenerse y a escuchar aquello que empieza a revelarse.
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ESTRATO
Acrílico sobre lienzo.
50 x 50 cm
La belleza también habita aquello que no se revela de inmediato.
Hay presencias que no se muestran de inmediato. Permanecen ocultas entre capas de materia, luz y sombras, esperando una mirada capaz de detenerse el tiempo suficiente para encontrarlas. La obra se construye a partir de constrastes que no se oponen, sino que conviven. Las zonas oscuras conservan la profundidad del azul y la vibración del magenta, revelando una belleza que no depende de la claridad para existir. En el fondo, apenas insinuada, una forma emerge como un descubrimiento silencioso. La pintura habla de aquello que se revela cuando dejamos de buscar respuestas inmediatas. De la posibilidad de encontrar vida, belleza y presencia, allí donde otros solo perciben oscuridad.
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RITO DEL AIRE DETENIDO
Acrílico sobre lienzo
40 x 40 cm
Hay fuerzas que no necesitan embestir para hacerse presentes.
Algunas presencias contienen más de lo que muestran a primera vista. Bajo una apariencia reconocible, otras capas de significado permanecen ocultas, esperando una mirada capaz de detenerse. La figura del toro emerge aquí despojada de la violencia con la que tradicionalmente suele representarse. Los tonos turquesa y los reflejos dorados transforman su energía en algo distinto: una presencia serena, cargada de misterio y profundidad. En su interior habitan otras imágenes como si distintas dimensiones de una misma conciencia convivieran en un solo cuerpo. La obra habla de la capacidad de mirar más allá de las apariencias. De reconocer que aquello que parece fuerza, puede contener también sensibilidad, intuición y belleza. El rito al que remite el título no es un acto de dominio, sino una invitación a descubrir la complejidad que habita en toda presencia.
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PASOS QUE NO SE OYEN
Acrílico sobre lienzo
40 x 40 cm
Hay lugares que no se recorren con los pies, sino con la memoria y la escucha.
“Pasos que no se oyen” nace de la intuición de que algunas fuerzas esenciales de la vida avanzan sin estridencia, El elefante aparece aquí como una presencia silenciosa, sostenida por una energía tranquila que no necesita imponerse para ser percibida. En esta obra, el movimiento no se anuncia; se adivina. El paso es lento, casi ritual, y permite que la mirada descura una forma de fortaleza distinta, más cercana a la permanencia que al dominio, más vinculada a la escucha que a la afirmación. “Pasos que no se oyen” propone habitar un tiempo desacelerado, donde lo esencial pruede mostrarse sin necesidad de levantar la voz.
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ARQUITECTURA DEL INSTANTE LIBRE
Acrílico sobre lienzo.
20 x 20 cm
Hay movimientos que no buscan escapar, sino celebrar la posibilidad de avanzar.
Hay formas que permanecen. Surgen apenas un instante, como si el espacio las imaginara antes de dejarlas partir. La figura emerge desde la materia sin imponerse a ella. No ocupa el centro ni reclama atención; simplemente aparece. Como un movimiento breve entre lo visible y lo invisible, entre la presencia y la desaparición. La obra habla de esos momentos en los que algo esencial se manifiesta sin duración ni posesión posible. Un instante de libertad que no puede retenerse, solo ser reconocido mientras existe.
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EL RUMOR DEL BOSQUE
Acrílico sobre lienzo
100 x 81 cm
Hay lugares que no se recorren con los pies, sino con la memoria y la escucha.
No todos los bosques son territorios físicos. Algunos habitan en nosotros como espacios de tránsito, recogimiento y transformación. En esta obra me interesa sugerir un paisaje más sentido que descrito, un lugar donde las formas aparecen y desaparecen, donde la mirada debe demorarse para descubrir presencias apenas insinuadas. El bosque se convierte aquí en metáfora de aquello que permanece vivo bajo la superficie de lo visible: recuerdos, intuiciones, vínculos y experiencias que continúan resonando en silencio. “El rumor del bosque” invita a detenerse y escuchar esa vibración tenue que acompaña a toda vida interior, allí donde lo salvaje y lo íntimo aún pueden encontrarse.
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SOUVENIRS CASSÉS
Acrílico sobre lienzo.
81 x 100 cm
Entre fragmentos comienza a intuirse una nueva forma de habitar la vida.
Esta obra nace en un territorio de fractura. Un paisaje interior marcado por una herida profunda y por la sensación de encontrarse al borde de un precipicio emocional. Sin embargo, incluso es lugar de incertidumbre, persiste una voluntad de movimiento, una búsqueda obstinada de otros caminos posibles. La pintura fue construida lentamente, durante un largo proceso de aproximación, hasta conseguir hacer visible un estado que se resistía a ser nombrado. No habla únicamente de la caída, sino de la capacidad de sostener la mirada frente al vacío y de seguir avanzando guiada por una disposición íntima hacia la esperanza. Souvenirs cassés no representa una herida cerrada. Representa el instante en que, aún rodeados de fragmentos, comenzamos a intuir que es posible reconstruir una forma nueva de habitar la vida.
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UMBRAL LÍQUIDO
Acrílico sobre lienzo.
70 x 50 cm
Habitar el tránsito es aprender a confiar en el movimiento de las cosas.
Hay obras que encuentran su propia dirección y terminan revelando una belleza distinta de la que imaginamos al comienzo. Esta pintura pertenece a ese territorio incierto donde la voluntad deja espacio a la escucha y el proceso creativo se convierte también en un ejercicio de confianza. Las formas parecen desplazarse, fundirse y reorganizarse , como si siguieran corrientes invisibles capaces de conducirnos hacia lugares inesperados. La obra habla de la capacidad de aceptar aquello que emerge, de reconocer que no todo necesita ser previsto y de comprender que, en ocasiones, es precisamente lo imprevisto es lo que nos acerca con mayor precisión a nuestra propia verdad. Umbral líquido es una invitación a habitar ese espacio de tránsito, donde el control se suaviza y la intuición aprende a acompañar el movimiento de las cosas.
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VESTIGIO
Acrílico sobre lienzo rígido y material de carga.
60 x 80 cm
La ausencia también puede conservar una forma de presencia.
Existen lugares interiores a los que creemos poder regresar y que, sin embargo, se nos ofrecen transformados. Esta obra habla de ese encuentro con lo inesperado y de la posibilidad de reconocer belleza allí donde las cosas ya no responden a nuestra expectativas. Las texturas y relieves dejan abiertas múltiples lecturas, permitiendo que la mirada transite libremente por sus formas y complete aquello que permanece apenas insinuado. Vestigio es una invitación a aceptar que no todo puede ser recuperado exactamente como fue, pero que incluso en sus transformaciones persisten huellas capaces de seguir alimentando nuestra imaginación.
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EL ESPIRITÚ QUE CRUZA EL VELO
Acrílico sobre lienzo
81 x 100 cm
Algunas presencias no se buscan; simplemente aparecen cuando estamos preparados para reconocerlas.
La figura emerge desde la pintura como si siempre hubiera habitado ese espacio. No aparece como una visión extraordinaria, sino como el reflejo de una verdad sencilla y profunda: la persistencia de la vida cuando encuentra cuidado, refugio y amor. La obra habla de aquellas existencias que continúan floreciendo más allá de toda expectativa. De la dignidad silenciosa de quienes siguen avanzando sin imponerse, sostenidos por vínculos invisibles que los acompañan. El velo que se cruza aquí no separa dos mundos, sino dos formas de mirar: una que ve fragilidad y otra que reconoce la fuerza serena de seguir estando.
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MATERIA DEL DESPERTAR
Acrílico sobre lienzo
63 x 166 cm
Despertar no siempre significa avanzar; a veces consiste en habitar plenamente aquello que emerge.
Hay transformaciones que ocurren lentamente, lejos de la mirada de los demás. Se construyen a través de la experiencia, la pérdida, la resistencia y el tiempo, hasta que un día se vuelven visibles. La figura emerge desde la materia como una presencia que ya no necesita ocultarse. No aparece para demostrar su fuerza, sino para habitar plenamente aquello en lo que se ha convertido. La luz y la sombra conviven en un mismo cuerpo, no como opuestos, sino como partes inseparables de una misma historia. La obra habla del momento en que la lucha deja de definirnos. Del instante en que lo vivido se transforma en conciencia y la identidad puede mostrarse sin temor. No es el comienzo del camino, sino el reconocimiento sereno de quién ha llegado a ser.

SUSURROS EN PENUMBRA
Acrílico sobre lienzo
115 x 81 cm
La penumbra no siempre oculta; a veces prepara la mirada para reconocer lo que importa.
Hay momentos en los que la paz no nace de la ausencia de sombras, sino de la capacidad de convivir con ellas. La obra reúne distintas presencias que habitan un mismo territorio interior: la contemplación, la fuerza serena y aquellos ecos del pasado que, con el tiempo, dejan de ser amenazas para convertirse en parte del aprendizaje. Ninguna de ellas ocupa el centro. Todas coexisten. Entre veladuras, luces y formas apenas reveladas, la pintura propone una mirada donde la espiritualidad no consiste en negar la oscuridad, sino en integrarla dentro de una comprensión más amplia de uno mismo. La serenidad aparece aquí como fruto de la experiencia: una convivencia amable con aquello que un día fue conflicto.
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EL GUARDIÁN DE LAS AGUAS SECRETAS
Acrílico sobre lienzo
120 x 100 cm
En estas aguas secretas, Yin y yang acompañan al guardián como una discreta celebración del equilibrio entre aquello que emerge y aquello que permanece sumergido.
Existen territorios que no pertenencen al mundo visible. Lugares interiores donde la belleza, el asombro y la imaginación continúan habitando incluso cuando la realidad parece exigir otras cosas. La figura emerge como guardiana de ese espacio íntimo. No protege un lugar físico, sino una forma de mirar: la capacidad de reconocer lo extraordinario, de encontrar vida en lo invisible y de permitir que el sueño conviva con la experiencia. La obra nace del deseo consciente de abrir una puerta hacia lo posible. De concederse el permiso de imaginar, de embellecer el mundo y de habitar, aunque sea por un instante, una realidad atravesada por la magia. Las aguas secretas son aquellas que siguen alimentando la capacidad de soñar.
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TORMENTA DE CRINES
Acrílico sobre lienzo
70 x 50 cm
Cuando la libertad se vive sin miedo.
Avanzan con la certeza de quien no necesita escapar. Su movimiento no nace del miedo ni de la urgencia, sino de la plenitud. Corren porque pueden. Porque el cuerpo reconoce el espacio como una extensión de sí mismos. Las figuras emergen entre luces y sombras como una misma corriente vital. La tierra sostiene su impulso mientras el aire acompaña la expansión de sus formas. No hay conflicto en ese movimiento, sino una armonía profunda entre fuerza y libertad. La obra habla de una energía que se expresa sin resistencia; de la alegría indómita de habitar plenamente el propio camino.
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UMBRAL COMPARTIDO
Acrílico sobre lienzo
70 x 50 cm
Explorar nuevos territorios si perder la esencia. A veces, la fuerza se reconoce en el vínculo.
Toda transformación implica atravesar territorios desconocidos. No para abandonar lo que somos, sino para ampliar los límites de aquello que podemos llegar a habitar. Las figuras avanzan juntas, sostenidas por una misma dirección interior. Cada una conserva su singularidad, pero participa de una fuerza común que las vincula y las orienta. El espacio que comparten no es solo un paisaje físico, sino un lugar de encuentro entre experiencias, identidades y formas de estar en el mundo. La obra habla de esos momentos en los que la vida nos invita a cruzar nuevos umbrales. De la capacidad de integrar otros paisajes, otros vínculos y otras formas de belleza sin perder la conexión con nuestra propia esencia. La fuerza que aparece aquí no nace del dominio, sino de la pertenencia.
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EL RUGIDO DE LA LUZ
Acrílico sobre lienzo rígido intervenido.
60 x 80 cm
Hay intensidades que no deslumbran; simplemente despiertan aquello que permanecía en silencio.
Hay verdades que no llegan de forma repentina. Se revelan lentamente, a través de la experiencia, hasta que un día resultan imposibles de ignorar. La obra surge desde ese momento de reconocimiento. La materia parece abrirse para dejar pasar una energía que ya estaba presente, pero que todavía no había encontrado su forma. Los colores avanzan como una fuerza interior que atraviesa la superficie y transforma la mirada. El rugido al que alude el título no pertenece a la violencia ni al dominio. Es el eco de una certeza. La fuerza serena que nace cuando la experiencia revela una verdad profunda de la vida.
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DONDE EL CIELO BEBE DEL ABISMO
Acrílico sobre lienzo.
60 x 20 cm
Algunos horizontes no están hechos para separar, sino para permitir el encuentro.
Siempre me han interesado los espacios en tránsito, esos lugares donde las fronteras parecen desdibujarse y las categorías dejan de ser precisas. En esta obra busqué un territorio en el que cielo y mar pudieran fundirse, liberados de una línea de horizonte claramente definida. Sin embargo, algo permaneció. Una sutil separación insistió en manifestarse, recordándome que algunos límites no necesariamente dividen, sino que permiten el encuentro. Allí donde dos inmensidades se aproximan sin llegar a confundirse por completo, surge un espacio nuevo de contemplación y misterio. La obra habla de aceptar que no todo está destinado a disolverse. A veces, es precisamente la existencia de un umbral lo que hace posible el diálogo entre aquello que somos, aquello que hemos sido y aquello que todavía estamos aprendiendo a habitar.
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EL ESPEJO DEL ALMA ERRANTE
Acrílico sobre lienzo.
60 x 20 cm
Errante, pero luminosa, el alma se reconoce en fragmentos de color y en reflejos siempre cambiantes.
No hay anclaje, solo el reflejo. Esta obra es superficie movediza donde el alma se busca sin reposo. Errante pero luminosa, se contempla en fragmentos de color, en gestos que no terminan de cerrarse. Un espejo que no devuelve respuestas, sino el eco de una identidad en tránsito.
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EL INSTANTE QUE LIBERA
Acrílico sobre lienzo.
24 x 18 cm
A veces basta un instante para sentirse inmensamente viva.
Hay un momento en el que todo se afloja. No se anuncia, simplemente ocurre. Y cuando lo hace, la forma se deshace, el pensamiento se disuelve, y lo que antes pesaba…vuela. Esta obra es el umbral: un eco suspendido entre la cárcel y el cielo.
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DONDE MUERE EL ECO
Acrílico sobre lienzo.
30 x 23 cm
Hay un lugar donde el eco deja de insistir. Allí comienza lo verdadero.
Hay un lugar en el que el sonido ya no insiste. Donde la repetición se cansa y la voz se convierte en aire. Ahí habita esta obra: en ese instante final del eco cuando lo que fue grito se vuelve susurro y luego nada. Es el fin de la resonancia. Pero también el principio del verdadero silencio.
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PRESENCIAS LATENTES – UMBRAL
Acrílico sobre lienzo.
15 x 15 x 15 cm
Todavía no sé quién me sostiene. Pero confío.
Antes de las certezas existe un territorio más antiguo: ese lugar donde las cosas verdaderas antes de poder ser comprendidas. La figura emerge desde la materia como una presencia apenas insinuada. No termina de revelarse ni de ocultarse, permaneciendo en ese espacio intermedio donde la intuición precede al conocimiento. Habita esas realidades difíciles de nombrar, esas percepciones que muchas veces son incomprendidas por otros, pero que internamente se sienten tan reales como cualquier certeza. Lo visible y lo invisible conviven sin conflicto, como si todavía formaran parte de una misma realidad.
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PRESENCIAS LATENTES – LO QUE PERMANECE
Acrílico sobre lienzo.
15 x 15 x 15 cm
Lo que permanece rara vez hace ruido.
Hay presencias que no desaparecen cuando dejan de estar visibles. Continúan habitando el espacio interior desde el que miramos el mundo. La figura emerge apenas insinuada entre veladuras y corrientes de color, como una memoria que no necesita definirse para seguir siendo real. No aparece como un cuerpo concreto, sino como una sensación de compañía, de cuidado y de pertenencia. La obra habla de aquello que permanece sosteniéndonos incluso cuando no podemos nombrarlo. De la certeza silenciosa de estar rodeados por fuerzas que protegen, acompañan y siguen formando parte de nosotros.
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CONSTELACIÓN SALVAJE: BESTIARIO NOCTURNO
Acrílico sobre lienzo.
17 x 12 cm
Hay presencias que nunca dejan de caminar a nuestro lado.
Hay presencias que atraviesan una vida entera sin ocupar nunca el centro de la escena. Permanecen en silencio, acompañando desde la distancia momentos que, por alguna razón, quedan grabados para siempre en la memoria. Las tres piezas que forman esta constelación nacen de esa compañía discreta. La Luna aparece aquí no como un símbolo lejano, sino como una presencia familiar que acompaña, observa y permanece. Testigo silencioso de preguntas, descubrimientos, amores y transformaciones. Las figuras animales, las sombras y la materia nocturna orbitan alrededor de esa presencia constante. Como ocurre con las constelaciones, el sentido no se encuentra en cada estrella por separado, sino en los vínculos invisibles que las unen. La obra habla de esas compañías silenciosas que, sin apenas advertirlo, terminan formando parte de nuestra propia historia.
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CASI VISIBLE
Acrílico sobre lienzo.
10 x 10 cm
Hay presencias que nunca dejan de caminar a nuestro lado.
La imagen apenas se sostiene antes de volver a deshacerse en la materia. El animal aparece como una memoria en tránsito, una forma inestable que oscila entre presencia y desaparición. La pintura funciona aquí como superficie de revelación, pero también de pérdida.
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PRESENCIA VELADA
Acrílico sobre lienzo.
10 x 10 cm
No todo necesita revelarse para ser verdadero.
Hay formas de presencia que nunca terminan de hacerse visibles. No porque permanezcan ocultas, sino porque pertenecen a un lugar donde la intuición llega antes que la certeza. En esta obra la figura emerge y se desvanece al mismo tiempo, invitando a aceptar que no todo necesita definirse para ser verdadero. A veces basta con permanecer el tiempo suficiente para descubrir que aquello que parecía difuso siempre estuvo ahí.
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Experiencia olfativa
La experiencia olfativa de Susurros de lo invisible no pretende ambientar la sala de manera homogénea ni imponer una atmósfera determinada, Se concibe como una invitación discreta a ampliar la percepción y acompañar el recorrido desde otro registro sensorial.
El visitante es libre de acercarse, abrir las pequeñas vasijas dispuestas en distintos puntos de la sala y descubrir los aromas si así lo desea.
El recorrido puede ser acompañado por una experiencia olfativa. Si lo deseas, acércate, descubre y permite que cada aroma dialogue libremente con tu propia memoria.
ESTACIÓN I . Materia . Huella . Potencial
Vetiver
Puedes descubrir este aroma si lo deseas.
ESTACIÓN II . Naturaleza . Memoria. Transformación
Bois de Rose
Algunas memorias también habita en los aromas.
ESTACIÓN III . Revelación . Aparición
Mirra
Hay presencias que se reconocen con los ojos cerrados.
ESTACIÓN IV . Vínculo . Eco . Permanencia
Pachuli
Aquello que permanece también puede dejar un rastro invisible.
Paisaje sonoro
El paisaje sonoro de Susurros de lo invisible acompaña discretamente el recorrido sin fragmentarlo en escenas independientes. Se compone de una única atmósfera continua en la que sonidos naturales y resonancias interiores conviven para sostener una experiencia de contemplación, disponibilidad y presencia.
No se trata de añadir música a la exposición ni de dirigir emocionalmente la mirada del visitante, sino de favorecer un estado de escucha semejante al que acompaña el propio acto de contemplar las obras. El sonido actúa aquí como una capa invisible de la experiencia: acomapaña, sostiene y envuelve sin imponerse.
Composición sonora
- Viento suave.
- Movimiento de hojas y hierbas secas.
- Agua apenas perceptible.
- Pájaros lejanos.
- Respiración muy sútil.
- Armónicos ocasionale.
- Resonancias de campana o cuenco muy espaciadas.
La exposición contará con un único paisaje sonoro continuo para toda la sala, favoreciendo que cada visitante pueda recorrerla desde su propio ritmo, sensibilidad y disposición interior.
Redes
Si deseas seguir mi trabajo, conocer futuras exposiciones o contactar conmigo, puedes encontrarme en:
Instagram: @angelinareyero
Facebook: Angelina Reyero
Web: www.angelinareyero.es
Agradecimientos
Gracias por acompañarme en este recorrido.
Susurros de lo invisible nace de muchas experiencias vividas, de encuentros, pérdidas, aprendizajes y pequeños instantes de revelación que han ido dejando huella en mi manera de mirar y de pintar.
Deseo que este espacio haya podido ofrecerte una pausa, una resonancia o, simplemente, un lugar donde permanecer unos instantes en compañía de aquello que habitualmente pasa desapercibido.
Angelina Reyero
